Rubén Sancho
  Luces de Bohemia
 

La vida me la jugó, aposté todo al rojo y la ruleta me devolvió negro, como el futuro, como los sueños, como el más allá. Un abismo de fracaso de origen inextricable, pero presente desafiante, ante mí, ante todos, ante nadie.

La vida me prometió luces de bohemia, pero sólo me concedió dolor de alma, tristeza de pasión, reproches internos sin un objetivo nítido, diáfano, al contrario, ¿qué persiguen estos reproches?

La vida es perra, no olvida, daña por placer o por venganza, o por ambos, cuando menos se la espera, cual cobarde, al acecho, en busca de un flanco abierto, y entonces, no te recuperas, no amigo, no hay quien sobreviva a la vida.

La vida recuerda a la muerte, salvo por eterna, que no es, o sí, pero no en cuerpo sino en alma, en arte, en letras, en lienzos, en cine, en obras maestras que trascienden la cuarta dimensión y llegan a futuros insospechados.

La vida me debe una copa, ella lo sabe pero no lo quiere reconocer, prefiere callar, esconderse de mí, dejar la deuda sin saldar, y yo la persigo, donde sea menester, por orgullo, por ilusión, por cabezonería.

La vida me gana cada día, y yo no me canso de perder, busco mi momento, mi oportunidad, que tendrá que llegar, o no, pero ese afán es el que me mueve, sin él no soy nada, si me lo quitan me quitan la vida.

 
   
 
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