Rubén Sancho
  Lo que no puede ser, no puede ser, y además… (Los jóvenes tienen que destinar el 86% de su salario para comprar una vivienda)
 

… es imposible, porque si se ganan 100 no se pueden gastar 86 en vivienda, a no ser que se deje de comer, que también se puede dar el caso, aunque no es aconsejable, por motivos evidentes y por otros más indirectos relacionados con el consumo, porque si los jóvenes no comen, no compran, y si no compran los distribuidores no venden, y si no venden no les comprarán a los agricultores y ganaderos, y si éstos no venden se irán a la ruina y se comerán a sus propios animales, sus propias cosechas, pero no podrá satisfacer otro tipo de necesidades, con lo cuál perecerán por frío, o por calor, o se volverán locos encerrados en sí mismos, y la gente de la ciudad morirá también, desabastecida y se producirá una catástrofe natural. Por tanto, la opción de no comer no es viable, con lo que volvemos al razonamiento de que es imposible, es imposible gastar el 86% del salario para comprar una vivienda.

Y este exceso se produce por dos causas de similar importancia y de fácil solución, siempre y cuando se quiera trabajar en la obtención de una solución, que no siempre es el caso.

La primera causa está relacionada con el salario medio que perciben los jóvenes españoles, realmente paupérrimo, sobre todo si lo comparamos con el de nuestros vecinos europeos, y carente de toda dependencia con el nivel de estudios acumulados. Nos es extraño comprobar como un joven sin estudios se pavonea por ser considerado mil eurista, mientras que un doctorado sufre las consecuencias del mil eurismo. Algo falla en el mercado laboral y está relacionado, sin duda, a la falta de relación entre productividad y salario, así como a las rigideces de los contratos laborales en este país.

Si los salarios estuvieran, de manera general, indexados a la productividad del trabajador se incrementarían de manera general, y con ello, también el de los jóvenes. Por otro lado, si a una empresa no le resultara más caro despedir a un trabajador ineficiente de 40 años que aun trabajador eficiente de 20 años, probablemente el segundo podría tener un sueldo más elevado.

La segunda causa está claramente afectada por la burbuja inmobiliaria de la que llevamos tanto tiempo oyendo hablar, que ha permitido que el valor de cambio de los pisos se elevara hasta límites inaceptables para el sentido común.

Múltiples factores han afectado a este encarecimiento artificial de los precios. La primera piedra de la pirámide comenzó con la transferencia de competencias sobre el suelo a los Ayuntamientos. Allí, en corporaciones locales y con plenos poderes para concejales no siempre éticos y casi nunca bien formados, la corrupción fue la norma, y el comienzo del encarecimiento del suelo.

Después, las desgravaciones fiscales de la compra de vivienda, en contraposición a la nula ayuda al alquiler, sesgó el mercado hacia la compra, con lo que la demanda de viviendas se disparó de manera exógena, provocando el incremento de los precios.

Y en tercer lugar, la especulación de los constructores, apoyada por el silencio cómplice de las entidades financieras, provocó que solares que podían haberse construido a mitad de precio acabarán doblando o triplicando su valor de cambio sin otro motivo más que la especulación pura y dura.

En definitiva, lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible, y es imposible tener que gastar 86 euros de cada 100 ingresados para adquirir una vivienda. Ahora, poco a poco, el mercado va corrigiendo este desfase, pero nunca logrará compensarlo en su totalidad y seguiremos sufriendo sus consecuencias durante décadas.

 
   
 
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