Rubén Sancho
  La vida en un segundo
 

Un segundo es un suspiro, un hálito de vida que se escapa al grito de ¡hasta nunca! Un segundo es el tren de la oportunidad que parte sin previo aviso, el no de la amada deseada, el sí de la deseada por despecho, el vuelva usted mañana del funcionario, el quédese usted hoy del banquero.

Un segundo anhela ser minuto, pero nunca lo consigue, porque cuando llega su anhelo él desaparece para retomar su rutina incesante. Un segundo es la mirada furtiva de la compañera de vagón en el metro, el coqueteo imperceptible de los amigos, el orgasmo de los impacientes.

Un segundo es el sueño que se desvanece en forma de realidad, es la realidad que golpea al sueño hasta terminar con él, es el no del jefe ante una subida de sueldo pedida, el puede ser del compañero ante el favor solicitado, el olvídate de ello del portero de una discoteca.

Un segundo es el triunfo del deportista, la pobreza del rico, la riqueza del pobre, la mediocidad del artista. Un segundo se tambalea ante el fervor incontenible del tiempo, implacable, incapaz de entender los sentimientos del segundo.

Un segundo es el regalo que nos dan este año, un segundo bisiesto positivo, le llaman, un segundo para resolver nuestra vida, para soñar con lo que habíamos olvidado, para olvidar lo que nos había torturado, para recordar el amor que habíamos aparcado, para aparcar el rencor y recobrar la amistad.

Un segundo para sincronizar los relojes, un 31 de diciembre de 2008 que no tendrá 24 horas, sino 24 horas y 1 segundo, un segundo que olvidaremos cuando pase, y recordaremos al pasar de los años, como una anécdota, como algo curioso que poder comentar en la barra de un bar.

Y entonces, nos preguntaremos unos a otros que hicimos con aquel segundo que nos regalaron, y unos se harán los indiferentes, otros llamarán a la melancolía, los menos contarán sus historias, y el resto, nos conformaremos con pensar lo que podíamos haber hecho con ese segundo y que no hicimos.

 
   
 
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