Rubén Sancho
  De conspiraciones y demás contubernios
 

Ríete tú de la conspiración judeo-masónica que hundió el régimen franquista o del contubernio comunista que tanto atemorizaba al senador McCarthy o del conjuro de la masa enardecida que tomó por asalto la Bastilla.

Hoy vivimos una conspiración de altura similar, o incluso superior. Vivimos la conspiración de los árbitros en contra de los equipos de fútbol, hoy es en contra del Atlético de Madrid, ayer fue en contra del Real Madrid y mañana será en contra del F.C. Barcelona.

Cualquier error arbitral se mira con suspicacia, y sólo se recuerdan aquellos errores que perjudicaron, haciendo oídos sordos a los que beneficiaron, porque, en el fondo, sólo importa el color del cristal con el que se mira.

Y la prensa, ¡ay, la prensa deportiva!, lejos de echar por tierra los argumentos vacuos e irreflexivos de mandatarios soliviantados por una derrota se dedican a levantar más polémica con titulares acusadores, artículos de opinión beligerantes y crónicas al dictado de los intereses del momento.

¡Basta ya!

Los árbitros son personas, ni más ni menos, tienen trabajos normales, familias normales y problemas normales. Y como personas que son se ven influenciados por aspectos externos a su propia personalidad, se ven afectados por las situaciones, se ven afectados por los titulares de la semana, se ven afectados por la presión de los jugadores, se ven afectados por los porpios jugadores…

Y esa presión provoca que, inconscientemente, la balanza del criterio se incline hacia un lado o hacia otro, hacia la falta o no falta, hacia el penalti o no penalti, hacia el fuera de juego o no fuera de juego, sin ninguna premeditación, sin ninguna alevosia, sin ninguna dirección, sin ninguna conspiración. Simplemente, como fruto de una reacción humana.

Y mientras las decisiones del fútbol estén en manos de personas, queden a criterio de un árbitro que tiene que decidir en una décima de segundo tras haber visto una jugada desde un ángulo determinado y a una distancia determinada, no nos queda otro remedio que aceptar que habrá decisiones injustas. Unas veces a favor de un equipo y otras a favor de otro.

Porque los árbitros se han equivocado siempre y se seguirán equivocando siempre, pero sin la presencia de ninguna conspiración, así que hagámosnos un favor y dejemos que arbitren con tranquilidad.

¡Ay, cuánto tenemos que aprender del fútbol inglés!

 
   
 
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